Confinamiento y futbol: una reconciliación

Adriana Acevedo
6 min readOct 7, 2020

¿Cuántos meses van de cuarentena/confinamiento? ¿Seis o siete? El otro día intenté hacer la cuenta de los días pero me di cuenta que llevar la cuenta de los meses sería más sencillo. O al menos así parecía.

En este punto del confinamiento, lo que llevo haciendo por meses se empieza a sentir como una rutina desgastante y me empiezo a sentir como gato encerrado. Los sorprendente es que me llevó tanto tiempo. Por esto, decidí incluir una distracción más a mi rutina: ver partidos de futbol vía streaming.

La Serie A acaba de empezar. Bueno, llevan 3 semanas de partidos. Mi equipo favorito, el AC Milan, no es conocido por ganar juegos, ni por destacar últimamente. Han pasado por una mala racha desde el 2007/2008, cuando fueron campeones de la Champions League y del Mundial de Clubes. Después de esa ocasión, no puedo recordar la siguiente vez que estuvieron presentes en una Champions. Hubo un Scudetto cerca del 2011/2012. No recuerdo el año exacto, pero fuera de ahí no han tenido mucha suerte ni la estrategia necesaria. Muchos cambios directivos, compras de jugadores desafortunadas, una liga bastante competitiva, una defensa débil y un ataque mediocre llevaron al Milan a un hoyo del que se veía difícil salir. Un caso perdido, la verdad.

Pero después del paro deportivo debido al COVID, parece ser que el Milan al fin ha encontrado el balance que tanto esperábamos. Perdí la cuenta de cuántos directores técnicos tuvieron que meter las manos para que al fin encontraran a uno que supiera qué hacer con este desmadre. Los jugadores despertaron, compraron de nuevo a Zlatan Ibrahimović — que, por cierto, a sus 39 años ya debería de estar pensando en el retiro, pero bueno — y ya están de vuelta en competiciones europeas.

Este último cachito es lo que me lleva a lo siguiente. Para poder entrar a una competición europea, tuvieron que sufrir bastante. Yo no sabía que para entrar a la Europa League — la cual es la hermana menor, menos importante, de la Champions League — había playoffs. El Milan jugó, y ganó, tres partidos de playoffs: uno contra los Shamrock Rovers de Irlanda (2–0, con un gol de Ibrahimović), otro contra Bodø Glimt de Alemania (3–2, y después procedieron a comprar a Hauge) y el último contra el portugués Río Ave (2–2, 8–9 en penales). Los vi todos y todos valieron cada uno de los 90+ minutos que duraron.

Los primeros dos juegos parecieron ser una demostración de lo que el Milan podía hacer esta temporada. Incluso en el primero, con los irlandeses, parecía que se la estaban pasando bien a gusto. Con los alemanes, la cosa se puso un poco más reñida pero de todas formas lograron demostrar ser mejores. Y tan impresionado quedó Paolo Maldini con el Bodø Glimt que no perdió tiempo en fichar al centrocampista Jens Petter Hauge, quien, por cierto, hizo su debut con la playera del Milan el domingo pasado en el juego contra Spezia (3–0). Pero el tercero fue el más cardiaco de todos.

El juego contra Río Ave empezó flojo, una primera mitad sin goles y pocas oportunidades y, honestamente, se podía ver que el Milan se estaba desesperando. No había manera de traspasar la defensa del Río Ave, hasta que al fin Saelemaekers encontró una oportunidad en los primeros 10 minutos del segundo tiempo. Pasaron 20 más y los portugueses empataron de una manera sobresaliente, ha de decirse, y se fueron a tiempos extra con un marcador 1–1. Para entonces, la ansiedad ya se había apoderado de mí y temía lo peor: que el Milan se quedara fuera de una competencia europea por enésima vez desde aquella maravillosa temporada. Y después, al Río Ave le bastó el primer minuto de la tanda de tiempos extra para que Gelson metiera el segundo gol que dejaba al Milan fuera de la Europa League, la hermana menor, menos importante de la Champions League. Yo ya me había preparado para que al final del segundo tiempo ocurriera lo peor, la perdición, la decepción y el duelo.

La cuenta oficial del Milan en Tuiter no perdió los ánimos. Dijeron “todavía hay tiempo para que nuestros muchachos empaten”. Yo pensé “qué ingenuos. No hay manera de recuperarse de esto”. La defensa del Río Ave había demostrado ser verdaderamente sólida y casi inmune a los ataques del Milan. No importaba cuánto corrieran los centrocampistas y atacantes del Milan, no encontraban manera de penetrar esa defensa y causar oportunidades de gol. Por esto, hay que celebrar a su defensa. Aplausos.

No sufrí los tiempos extra, los agonicé. Cantaba cada posible jugada de ataque como si fuera el preludio al gol y celebraba cada cambio en tiempos extra como si fuera la nueva llegada de nuestro señor Jesucristo — ¿por qué? Quién sabe, ni soy católica — . Pero, luego, en uno de los dos minutos agregados después de los 120 minutos de partido, ocurrió lo impensable, lo inesperado, lo imposible, lo milagroso. Una mano en el área del Río Ave, expulsión al defensa: marcaron penal. Çalhanoǧlu puso el balón en el manchón penal, lo cobró y automáticamente mandó al Milan y al Río Ave a penales, la última esperanza de ganar.

No lo podía creer. No le podía dar crédito a mis ojos. Definitivamente había algo mal conmigo. Yo esperaba que Çalhanoǧlu fallara ese penal y ya no hubiera de otra y nos lamentáramos por lo que pudo haber sido. Pero Çalhanoǧlu no lo falló, lo cobró con habilidad y estabilidad. Implacable. Definitivamente nada de lo que era antes del paro por COVID.

Y entonces empezaron los penales. Bennacer, Kjær, Theo, Brahim, Çalhanoǧlu, Calabria, Tonali, Colombo (quién lo falló), Leão, Donnarumma (lo falló), Bennacer de nuevo (lo falló), Kjær de nuevo y eso fue todo. 24 penales en total.

Penal tras penal, lo único que hacía era jalarme el pelo. No podía creer que fallaban los mismos y seguían y seguían tirando penales. La tensión crecía, era cuestión de tiempo para que alguien cometiera un error. No había manera. La ansiedad me estaba comiendo la boca del estómago. Podía sentir cómo palpitaba mi corazón y seguían tirando penales tan rápido que no me daban tiempo de respirar y recuperarme del penal recién tirado.

Donnarumma parando el último penal del Río Ave el jueves pasado.

Pero sucedió otro milagro. El Río Ave falló el último penal o Gigio Donnarumma lo salvó, como les guste verlo. Personalmente a mí me gusta la primera opción: lo fallaron, lo hicieron demasiado sencillo y predecible para el portero del Milan. Ahora, ¿por qué estoy diciendo esto? Porque a pesar de que el Milan tuvo una sólida actuación durante todo el partido, incluso hasta los penales, el Río Ave tuvo una mejor. Por más de 90 minutos, el Milan quiso mantener una ilusión de control sobre el juego pero en realidad era el Río Ave quién tenía el control. De otra manera no hubiera metido ese segundo y catastrófico gol en el primer tiempo extra.

Pero, todo puede pasar en la tanda de penales, ¿cierto? Así es el futbol. Impredecible. A partir de que surge la tensión no hay vuelta atrás y cualquiera puede cometer un error. Pero los errores cometidos en este partido tienen muchas coincidencias y hacen que tenga mis dudas sobre la legitimidad del mismo.

Al final del día, el Milan ganó, yo soy feliz y ellos están de vuelta en las competiciones europeas. Están en el grupo H de la Europa League con el Celtic FC, AC Sparta Prague y LOSC Lille y, si me atrevo a decir, el rival más fuerte es el Celtic de Escocia, pero eso sólo está basado en mi conocimiento ancestral de qué equipos han figurado en competiciones europeas. No tengo ni idea cómo están los otros dos equipos en sus respectivas ligas. De cualquier forma, veré todos los partidos europeos religiosamente y ahí estaré para alentar a mi AC Milan aunque pierdan.

¿Qué me hago? Incluso en los 35 partidos que sobran de la Serie A que el Milan tiene que disputar sí o sí, independientemente de su lugar en la tabla, voy a estar ahí para verlos y criticarlos o celebrarlos, dependiendo del caso. Muy en el fondo espero que sea el último caso.

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Adriana Acevedo

La realidad mata; la ficción salva. Ferviente creyente y practicante del impulso humano de contar historias. Sólo escucho a The National y Shakira.